viernes, diciembre 19, 2008

27ª jornada. Declaró el médico Moreno Recalde, responsable de las autopsias de los cadáveres hallados en las Salinas

El primer testimonio de la jornada de juicio histórico en que se juzga por crímenes de lesa humanidad a policías y militares, fue el de Santos Omar Ferreyra, que en 1976 era sepulturero del cementerio del Rosario, quien dijo que en septiembre de ese año, policías uniformados llevaron dos cajones con cadáveres NN y los enterraron en dos fosas cavadas previamente en el predio central, que ingresaron en un camión y una camioneta por la calle de atrás (Sargento Cabral) y que traían un oficio judicial que entregaron al encargado, Lucero.

Otro de los testimonios escuchados en la mañana y uno de los más esperados, fue el del Dr. Vicente Ernesto Moreno Recalde, el médico forense que practicó la autopsia del cadáver masculino y que, como encargado de la pericia, firmó los certificados de defunción de las dos personas NN halladas en las Salinas del Bebedero.
Aunque en un principio reiteró con seguridad que no había concurrido a ese lugar; que por su orden lo había hecho el chofer Sosa que estaba de guardia, luego de la lectura de sus declaraciones anteriores -del sumario policial en 1984 y una declaración judicial de 1985, en las que reconoció su firma- donde manifiesta haber ido las Salinas y describe cómo y dónde se encontraron los cuerpos, admitió como válida esa versión.
-¿Va recordando Dr. Moreno Recalde? -Se cercioró el Dr. Burad-.
- Sí. –admitió el testigo sin inmutarse-, quien seguramente como jefe de Criminalística “recibió la orden de trasladarse a Salinas del Bebedero con un fotógrafo un croquista y un chofer”. Allí señala también la presencia del entonces jefe de Policía, Mayor Hugo Franco y personal militar y policial. Que encontraron “una fosa de 60 0 70 cm a la que se introdujo con guantes sacando dos cadáveres parcialmente calcinados a los que les faltaba la última falange de los dedos”. Los cuerpos fueron trasladados a la morgue en donde ya estaba el Dr. capitán Serrano (cardiólogo del Grupo de Artillería), supone “que por una orden militar”. Esa misma noche practicaron la autopsia al cadáver masculino”, al femenino -dijo- se la practicó el Dr. Moyano porque él debía viajar a Córdoba. Aunque sí le “hizo una inspección externa para lo cual le sacó la ropa y en la que advirtió un gran traumatismo de cráneo con pérdida de masa encefálica”.
Omisiones
Llamó la atención al abogado de la querella la respuesta respecto de las pericias balísticas y de la ropa de los muertos, ya que el médico no controló que se hicieran, y justificó su desentendimiento porque sólo se realizaban mediando una orden de la superioridad (dependía del Departamento Judicial) y no supo si la hubo.
También el Dr. Ponce advirtió la omisión de algunos detalles en los certificados de defunción que ahora el médico describía, como los disparos de armas de fuego, el retiro de los restos de ropa o el olor a combustible en los cadáveres.

El informe de la crueldad
Lo que el médico patólogo forense apodado “Cheque” consignó sobre el cadáver masculino. En el certificado de defunción: “Muerte debida a: hemorragia cerebral. Debida a: paso de un proyectil balístico. Homicidio”.
En el protocolo de lesiones: “NN sexo masculino, talla: 1,73 0 1,75 m; pelo largo lacio, castaño oscuro, dentadura completa, peso aproximado 73-75 kg, edad estimada 23 a 33 años; parcialmente carbonizado, más afectadas las extremidades inferiores. 4 impactaciones de proyectil balístico en cráneo -hueso malar-; en mano derecha, brazo izquierdo y abdomen. Ha sufrido acción de fuego posterior a la muerte y amputaciones criminales y no accidentales.
Otro de los detalles que agregó fue el calibre de los proyectiles: 9 mm u 1125 y que el causal de la muerte había sido el disparo en el hueso malar
Respecto a esta lesión (amputación de las falanges) que tenían ambos cadáveres, explico en la audiencia que habían sido “cortadas con una pinza o alicate, no quirúrgica; los tejidos estaban desgarrados”, esto tampoco lo consignó en el documento médico.
Preguntado sobre la finalidad del fuego sobre los cuerpos Moreno Recalde contestó: “Quemar un cuerpo significa borrar los rastros de lo que se cometió”

Otras de las declaraciones vertidas durante el debate del jueves fue la de la empleada de la morgue, la técnica de anatomía patológica Rosa Magdalena Rodríguez quien confirmó lo dicho el miércoles por el encargado de esa sección del Policlínico Regional, el Dr. Salguero Fumero. Que por orden del director del nosocomio, el Dr. García Calderón, no pudieron acceder a la morgue por una semana, “por el mal olor y había unas personas fallecidas. Había militares armados en los techos y en el interior”. Dijo que había un olor nauseabundo y a quemado.

Otros testigos que no aportaron casi nada fueron Nilda Lily Garro de Acevedo, una técnica que aunque reconoció su firma en una declaración de los `80 en la que afirmaba trabajar en la morgue al momento de los hechos investigados, se empecinó en negarlo, asegurando que recién en noviembre de 1976 había ingresado a esa área. Sólo había tomado conocimiento que habían sido trasladados dos cuerpos a la morgue.

Por su parte, el médico Héctor Hugo Rodríguez, que por entonces trabajaba en Sanidad policial (en el edificio de Investigaciones en calle Lavalle) no recordó haber firmado un informe de 1984 que se leyó, en el que se consignan todas las actuaciones y medidas ejecutadas en relación al hallazgo de los cadáveres en las Salinas.
Tampoco recordaba haber practicado revisación médica a Graciela Fiochetti, aunque era una de las tareas que realizaba.

Otros testimonios vertidos fueron los policías retirados Rafael "Perecito" Pérez, Luis Severo Torres y la empleada del registro civil Lila Sonia Becerra.


Para la audiencia del próximo lunes se anunció el testimonio del Dr. Antonio González Macías, quien en 1985, tuvo un rol esencial como juez de Instrucción de la causa que luego se vio frustrada por las leyes de impunidad (Punto Final y Obediencia Debida).

martes, diciembre 16, 2008

24ª jornada. Declaró Páez, el trabajador de las Salinas que descubrió los cadáveres

“Estoy orgulloso de lo que descubrí, ahora esos cuerpos descansan en un cementerio”

Lunes 15-12-08. El hombre que el 23 de septiembre de 1976 vio salir desde la laguna de Las Salinas del Bebedero a dos Torinos, -blanco y rojo- con 4 y 5 personas respectivamente y avisó a la policía, declaró ayer ante Tribunal Oral Federal que juzga a militares y policías acusados de haber cometido delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.

En la larga jornada que se extendió hasta las 17, también prestaron testimonio: Luis Eulogio Lucero, otro trabajador de la fábrica de sal, y los policías retirados Pantaleón Pallero, Hugo Raúl Quiroga, Domingo Francisco Escudero, Rafael Enrique Leyes y Mario Ángel Ingolingo.

viernes, diciembre 12, 2008

Reconocimiento en Las Salinas del Bebedero


"Cuqui" Álvarez y Reina Alcaráz frente a las cruces que recuerdan a los dos jóvenes asesinados, encontrados en ese lugar el 23 de septiembre de 1976.

jueves, diciembre 11, 2008

Por Mauricio López, por todos!


La que sigue es la nota conjunta de APDH San Luis y UNSL por la que solicitan el acompañamiento para reclamar la reactivación de la causa que investiga la desaparición del ex Rector Mauricio A. López y el resto de las causas por los crímenes cometidos hace 32 años por la última dictadura militar.
La iniciativa fue aprobada por el Consejo Superior de la UNSL en la sesión del martes 9 de diciembre último.


Causas de lucha por los Derechos Humanos
La Universidad Nacional de San Luis y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos filial San Luis ponen a consideración del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Nacional, la siguiente declaración relacionada con la causa que se tramita en la Justicia Federal de la Provincia de Mendoza por el secuestro y desaparición del Dr. Mauricio Amilcar López, para solicitarles nos acompañen a nacionalizar el reclamo de su reactivación haciéndolo llegar a todas las Universidad Nacionales, a todos los Organismos de Derechos Humanos, a todas las Instituciones Educativas y religiosas del país, en suma a todos los sectores de la sociedad y a todos los poderes del estado que están comprometidos con la búsqueda de la memoria, la verdad y la justicia.
Como todas las causas por delitos de lesa humanidad son igualmente importantes, a través de esta causa también reclamamos por todas las que a lo largo y ancho del país se están sustanciando.

Mauricio Amilcar López nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, el 18 de abril de 1919. Se educó en la Comunidad Evangélica de los Hermanos. En 1946 se gradúo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNC. Como filósofo. Fue profesor de lógica y filosofía, de psicología y de pedagogía y dictó cursos y conferencias en múltiples institutos y centros ecuménicos de Berlín, Holanda, Suecia, Canadá, Bélgica, Escocia y Nueva York, como integrante del Consejo Mundial de Iglesias.

Llega a San Luis en febrero de 1972 para trabajar en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Cuyo, para dictar los cursos de filosofía de las Escuelas de Psicología y Pedagogía. En 1973 es nombrado Rector de la recién creada Universidad Nacional de San Luis, cargo que ocupó hasta el golpe militar de 1976.

Fue el primer Rector de la UNSL y por sus valores científicos, morales y humanos se constituyó en el arquetipo del rector. Era, para la mayoría de los docentes, alumnos y no decentes de su universidad "una persona de bien, que trajo, desde el primer día que llegó a la universidad un viento de renovación con su sola presencia. Aceptó ser rector entendiendo esta función pública como una función de servicio y cuando en abril de 1976, al finalizar su arresto domiciliario, sus colaboradores, sus discípulos, sus amigos lo instan a dejar el país y no lo hace ; arriesgó su vida en pos de un ideal y la perdió".
Lo secuestran en enero de 1977 de su casa de Mendoza.


Causa Centro Clandestino de Detención Campo Las Lajas:
Según consta en su informe el, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de Mendoza denunció ante el Juzgado Federal Nº 1 de Mendoza, la existencia de un Centro Clandestino de Detención que perteneció a la Fuerza Aérea, ubicado en el Cerro Las Lajas del Dpto. de Las Heras, Mendoza. Allí estuvo detenido el profesor Mauricio López.
El 28 de mayo de 2004 se inicia la causa penal, en la que son querellantes, junto con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. También se presentó como querellante el hermano de Mauricio López, quien fue excluido por la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza, ante lo cual el MEDH planteó un recurso ante la Cámara Nacional de Casación Penal que actualmente se encuentra pendiente de resolución.

El ex rector de la Universidad de San Luís Mauricio A. López fue secuestrado el 01 de enero de 1977 y fue visto entre julio y agosto de ese año en este CCD, por el testigo sobreviviente Horacio Ferraris. Éste reconoció las instalaciones del centro clandestino, denunció que allí se encontraba secuestrado un joven con una pierna enyesada. También denunció la muerte en el mismo lugar, de una joven que habría ingerido una cápsula de cianuro y la presencia de su padre, también secuestrado. Gracias a la investigación realizada por el MEDH se pudo determinar que el joven era Osvaldo Zuin, "Horacio", militante del PRT secuestrado en Córdoba y visto en "La Perla"; y la joven era María del Carmen Marín, militante de Montoneros y su padre Carlos Armando Marín. Estas tres personas permanecen desaparecidas.

Horacio Ferraris es el único testigo con quien el juzgado realizó reconocimiento. Describió que se instalaban carpas militares junto a las instalaciones fijas y que en el término de los dos meses, en que él permaneció en el CCD, conoció el paso de muchas personas secuestradas.
En la causa también declaró el testigo Emilio Alberto Luque quien fue torturado en Las Lajas en octubre de 1976 y luego trasladado a instalaciones Militares de San Luís.

Desde la apertura de la causa, el MEDH con los peritos designados: Eloy Mendoza, personal del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), y del Departamento de Geología de la Universidad de San Luís han realizado trabajos de excavación en el predio del campo Las Lajas en la búsqueda de posibles enterramientos. Estos profesionales han producido detallados informes que han sido presentados a la Justicia.
Los recursos para estos trabajos han sido aportados por el MEDH, a excepción del combustible para el helicóptero con el que se realizó un reconocimiento aéreo del lugar, que fue aportado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Actualmente las pericias se han visto paralizadas temporalmente por no poder afrontar los gastos que demandan.
En abril de 2007, después de tres años de la apertura de la causa, fueron imputados por la desaparición del Prof. Mauricio López: el Comandante del III Cuerpo de Ejército Luciano B. Menéndez, y los integrantes del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea Argentina, Jofré Pedro Esteban, Padorno Mesa Osvaldo Antonio y Santa María Juan Carlos, por los delitos de privación ilegítima de la libertad agravada, torturas y robo agravado.

Después de cuatro años desde su apertura la causa se encuentra paralizada en la etapa de instrucción, sin propuestas ni iniciativa por parte del Juez ni de la Fiscal para el avance en la investigación y sanción de los responsables de estos graves delitos.

Han pasado ya 32 años desde el golpe militar, no podemos esperar más tiempo para esclarecer las desapariciones de esa época, es por eso que solicitamos se active la investigación en torno de esta causa, que por ser la de la desaparición del único Rector de una universidad nacional desaparecido se torna para nosotros, una causa emblemática y en ella, reclamamos por todas las causas, que por delitos de lesa humanidad se han iniciado en nuestro país.


Universidad Nacional de San Luis - APDH Filial San Luis

miércoles, diciembre 10, 2008

Día de los Derechos Humanos

El 10 de diciembre se celebra a nivel mundial el Día de los Derechos Humanos.
Desde 1994 la Universidad Nacional de San Luis en homenaje a su primer rector desaparecido por la última dictadura militar, entrega el Premio Rector Mauricio Amílcar López a personas o grupos destacados por su labor en defensa y promoción de los derechos humanos.

Este año el premio se entrega a la
Agrupación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio): Premio por su destacada actuación en la lucha por la defensa de los DDHH

y Mención especial a:
Fundación Pequeños Gestos Mención Especial por promover el desarrollo y la defensa de los DDHH en la comunidad aborigen Toba en El Impenetrable de la provincia de Chaco.

Lic. Roberto Iglesias: Mención Especial por su activa participación en organizaciones que defienden y promueven los DDHH de sectores populares.

Mauricio Amílcar López


Nació en Mendoza en 1919. Fue un activo dirigente del Movimiento Estudiantil Cristiano, creyente de espiritualidad profunda, intelectual y militante de primera calidad. Fue el primer rector de la Universidad Nacional de San Luis. Siempre respaldó el protagonismo de los alumnos en la conducción universitaria. A tres años de su designación como rector, fue expulsado de la universidad por los militares.

Una madrugada de 1977, nueve hombres armados con sus rostros cubiertos con medias entraron a su casa (en Mendoza) y lo secuestraron. Infructuosos fueron los pedidos de Habeas Corpus, los reclamos ante las autoridades de facto que gobernaban el país, los reclamos de la comunidad internacional, tanto eclesial como secular. Su destino, como el de miles, se desvaneció en las sombras del accionar del gobierno militar de aquel entonces. Según la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, casi 10.000 de los 30.000 desaparecidos durante el gobierno de facto fueron universitarios.

Jornada 21ª: Inspección ocular en la ex Jefatura Central de Policía


En el inicio de la octava semana del Juicio Histórico en que se investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos en San Luis durante la última dictadura militar, se realizaron inspecciones oculares en el actual edificio del Programa Becas BAS XXI de la provincia, que en aquellos años alojaba la Jefatura Central de Policía provincial, donde en 1976, en el marco de la lucha contra la subversión fueron llevadas detenidas personas que resultaron torturadas, desaparecidas o asesinadas.

El Tribunal Oral Federal se constituyó en la entrada del edificio, por calle San Martín, casi esquina Belgrano, con sólo dos de sus miembros, el actual presidente, Dr. Julio Nacif y el Dr. Cortéz (el cuarto juez, reemplazante), acompañados por uno de los 5 abogados de la defensa, el Dr. Papalardo (abogado del ex policía Pérez), el abogado de la querella con todos sus representados, familiares, miembros de APDH, y una inusual cantidad de periodistas que en general no asisten a las audiencias.

“Cuqui" Álvarez inició el reconocimiento de las dependencias que dolorosamente transitó hace 32 años junto a su madre, doña Laura Álvarez, buscando a Graciela.
Aunque dijo que está bastante modificado, indicó que en el actual hall había dos sillones donde más de una vez las hicieron esperar y donde, como relató en su declaración, su madre reconoció claramente a Plá cuando pasó delante suyo: “Este estuvo en La Toma”.
También Cuqui señaló la disposición de las oficinas (Secretaría, la del Jefe, la guardia y la del Subjefe Plá), lo que coincidió con lo dicho por el ex policía Garro (segundo de Becerra) quien también participó de la inspección. Hacia la derecha, indicó la oficina de la Secretaría a la que le seguía la del Jefe de Policía (Mayor Franco) que tenía una ventana hacia la calle San Martín. Hacia la izquierda recordó que había una oficina donde las revisaban –el pudor le impidió describir el modo-.
Don Segundo Ledesma se sumó a la descripción y agregó que ahí también les retenían el DNI, y recordó que en una de las veces que fue a buscar a su hijo Pedro reconoció a Becerra como uno de los que se lo arrebataron aquella horrible noche.


Víctor “Gringo” Fernández explicó cómo lo ingresaron por calle Belgrano y reconoció a la derecha la oficina en la que lo tuvieron incalculable tiempo parado contra la pared, donde escuchó que nombraban a Ledesma. Recordó que “entraban y salían policías, militares y hombres de civil”… “en todas las oficinas había muchos presos, se escuchaban llantos”..., y también habló del trato del entonces Comisario Becerra, “siempre con mucha agresión, muchas malas palabras, burlas”.
En el momento de la inspección, esa oficina que fue de horror, que ahora “Gringo” visitaba acompañado de la Justicia, los medios y los afectos estaba colmada de alumnos de un taller que se quedaron perplejos ante el relato del ex detenido que con vehemencia se dirigió a los jueces para asegurarles “Digo la pura verdad, no quiero escuchar más mentiras en el Tribunal, esto es lo que pasó aca”.

lunes, diciembre 08, 2008

20ª jornada de Juicio Histórico

El jueves 4 de diciembre se concluyó la lectura de las declaraciones del ex agente Jorge Hugo Velásquez comenzadas en la jornada anterior y testimonió el Comisario Mayor retirado Oscar Sosa, quien en 1976 era oficial ayudante del Departamento de Criminalística y su tarea era la confección de planos.
Dijo que su participación en los hechos tuvo que ver sólo con la confección de un croquis en Salinas del Bebedero el 23 de septiembre de 1976, ordenada por su Jefe (Gutiérrez Sacone) lugar al que fue llevado por personal militar en un jeep donde iban 2 soldados 1 suboficial y el fotógrafo Videla, de su misma área.
En el lugar – a unos 136 metros del camino de acceso-, cerca de una parva de sal encontraron dos cuerpos, uno femenino y otro masculino, el primero en el interior de una fosa, el otro afuera, estaban parcialmente quemados desde el torso hacia arriba, con las falanges cortadas, hecho que al ser preguntado atribuyó a la idea de dificultar su identificación.
La lectura de una declaración anterior le hizo recordar que la orden de concurrir al lugar había sido del D2, Departamento de Informaciones, pero que personal militar dirigía el procedimiento, que “no se había preservado el lugar, se había alterado mucho, incluso el mismo vehículo en el que íbamos” no había cuidado el escenario, que estaba lleno de pisadas de borceguíes.

El otro testigo de la jornada fue el Inspector general retirado Domingo Rosas Rezano, por entonces Jefe de Comunicaciones de la Policía, quien recibió la novedad de que por radio, desde el Destacamento de Las Salinas, el oficial Baigorrí informaba que habían sido vistos dos autos Torino que se dirigían hacia la laguna, lo que retransmitió al superior que se encontraba en la Jefatura –primero no recordaba si era Becerra o Plá, de su declaración surge que es Plá- quien le había dicho que lo dejara en sus manos.
Esa noche estaba en la Jefatura porque estaba como jefe de turno, tarea que implicaba “el control de las actividades en la dependencia, la visita a las comisarías, ver a los detenidos”. Preguntado si vio detenidos a Fiochetti, Trepín o Fernández, dijo que no, tampoco escuchó gritos ni supo que allí se aplicaran torturas.
Luego de la novedad que informó a la jefatura supo del hallazgo de los cadáveres, aunque “no oficialmente, a través de los medios”
- ¿Usted lo relacionó con lo transmitido por Baigorrí? preguntó el juez Burad.
- Uno saca conclusiones...

La secretaria del Tribunal dio lectura a la declaración del ex policía fallecido del Destacamento de Balde, Juan Beltrán Baigorrí quien manifestó que el 23 de septiembre de 1976 recibió la novedad de parte del empleado de la fábrica de sal, Carlos Páez de que a las 3,40 horas habían ingresado hacia la laguan, dos vehículos (Torino), uno rojo y otro blanco con 4 y 5 personas respectivamente.
Como no contaba con más personal, debió cerrar la oficina y fue con Páez hacia la laguna a realizar una inspección ocular. Hacia el este de las parvas de sal encontaron pisadas de calzados de goma, "aparentemente de dos personas que llevaban a una mujer, porque se marcaba el taco y no la planta de los pies".

Jornada 19. Continúan testimonios de ex policías

Miércoles 3 de diciembre.- Declaró el ex policía Segundo Wenceslao Garro, quien en 1976 se desempeñaba como Comisario del Departamento de Operaciones (D3) a cargo de Guillermo Albizu. Junto con el D2, (Dpto. de Informaciones) eran las dos áreas de la Policía abocadas a la lucha antisubversiva, dijo.
Participó en el operativo en La Toma. Como otros testigos, señaló que ese procedimiento fue militar y contó con el apoyo de la Policía. Aunque dijo haber recibido la orden a través de un memorandum, en una declaración anterior, manifestó que Plá lo había llamado a su despacho y le había ordenado de ir a la casa de Angle. Después recordó que fue a la casa de los padres de Angle, en Saladillo (“había dos personas mayores”) donde buscaron material explosivo; estuvieron 2 o 3 horas y el resultado fue negativo, lo que al regresar a San Luis informó a su jefe.
Señaló que para el procedimiento en el que fue el primero en llegar y el primero en volver, contó con 20 hombres a su cargo, que no se mezclaron con los otros grupos que concurrieron. Lo recordó a Becerra en La Toma junto a militares y policías, quien al finalizar dijo: ¡Terminamos, todos a su Jefatura! A Plá, en cambio, no lo vio, como tampoco dijo haber visto detenidos ni escuchado

Otro testimonio en torno a los hechos del 21 de septiembre de 1976 fue el del ex agente de La Toma Julio Francisco Escudero, quien manifestó que esa noche llegó personal militar y policial a la Comisaría, pero que a los agentes locales no los involucraron en el procedimiento.
A las 8 hs. se hizo cargo de la Guardia donde vio a civiles militares y policías, entre ellos a Garro y a Becerra.
Se leyó su declaración de hace 22 años en la que dice haber visto a Fernández, a Trepín y a Graciela Fiochetti; que los primeros fueron llevados a la oficina de Marcas y Señales y a Graciela a la de Judiciales. A partir de lo que recuerda, y responde a las preguntas de la querella.
Desde la plaza de armas, donde estaba limpiando un móvil, vio a los detenidos que “iban atados y vendados y los militares los tiraron a un camión”, detrás del cual salieron el resto de los vehículos.
Recordó que Gil Puebla (el Subcomisario de La Toma) le había dicho al personal “Aquí no pasó nada y no vieron ni escucharon nada”, pero sostuvo: ”el pueblo hablaba, se decía que los detenidos habían sido golpeados y maltratados, también comentaban de los allanamientos, que rompieron la puerta en lo de Álvarez, los vecinos escucharon. Yo sospechaba y me confirmó el pueblo".

A solicitud de la querella se debieron leer las declaraciones de dos testigos, que aunque concurrieron a la audiencia, por su avanzada edad, tuvieron gran dificultad para escuchar y para responder las preguntas. El ex agente policial de La Toma, Inés Castro, quien en 1985 había declarado que el 21 de septiembre de 1976 vio un camión militar estacionado en la guardia; que estaban el Comisario Becerra, Garro y otros y que por comentarios supo que había detenidos
El otro testigo fue el señor Nicolás Camargo, un ex empleado de la fábrica de sal CIBA. En su declaración policial señalaba que el 22 de septiembre de 1976 a las 5 horas vio pasar dos vehículos Torino -uno rojo y otro blanco- hacia la laguna y que luego salieron a las 5,30; que Páez y Arias dieron aviso a la Policía, al agente Baigorrí, quien luego buscó a Páez.

miércoles, diciembre 03, 2008

18ª jornada. Declaraciones de ex policías

02-12-08
Oficial Mariano Mansilla
Preguntado por los hechos ocurridos el 21 de septiembre de 1976, el ex oficial sumariante relató que a las 3 de la madrugada de aquel día fue llamado por el Comisario Luis Chávez a presentarse en la departamental.
Le llamó la atención la inusual cantidad de vehículos y hombres del Ejército (“estaba colmado”). Se le ordenó ponerse a disposición del mismo y debió labrar las actas de los allanamientos a los domicilios de personas señaladas como “subversivos”, que le eran dictadas por quien dirigía el operativo, que después supo era el Teniente Primero Dana. Lo hizo en los domicilios de los detenidos que ya no estaban en el lugar cuando él llegó a cumplir su tarea. Primero se dirigió a la casa de la sra. Laura Álvarez, en donde notó la puerta con un “daño reciente”; luego a lo de Trepín, donde encontró a la esposa “muy conmocionada”; después a la de Víctor Fernández en la que también notó signos de violencia en la puerta y el cielorraso, “como si fuera un disparo hacia arriba”, y finalmente debió labrar el acta en la casa de Angle. Dijo que todo el trámite le llevó muchas horas porque regresó a la Comisaría de día. Allí le ordenaron encerrarse en su oficina (de Judiciales) junto a los policías Mora y Funes. “Estábamos conmocionados –confesó-, era la primera vez que sucedía un procedimiento de esas características”.
A través de los postigones de la ventana dijo que pudo ver cuando militares llevaban a los detenidos Fiochetti, Fernández y Trepín, vendados, con las manos atadas atrás y los subían a un camión.

Ante las preguntas de las partes, Mansilla fue recordando y completando detalles del relato. Del personal policial de San Luis reconoció al Comisario Becerra –al que sólo vio en la departamental- y al Comisario Garro, pero no al capitán Plá.
También agregó que al presentarse en la guardia, al inicio del procedimiento vio a 3 personas de pie “en una vista fugaz”, y al “cerrar el circuito de las actas deduzco quiénes eran los detenidos”. Así corrigió que eran dos hombres y una mujer y nos 3 hombres como había creído al ver que los tres tenían pantalón.
Sólo por los comentarios supo que lo que se buscaba en las requisas de los domicilios era “armamento o material de neto corte subversivo, libros…” pero ratificó que no se halló nada, y que después del operativo, los comentarios generalizados decían que Víctor Fernández había sido sometido a vejámenes.

El resto de los testigos convocados no aportaron nuevos elementos. Al parecer, los 32años transcurridos han hecho estragos en su memoria.

Luis Daniel Contreras que era empleado de la entonces empresa estatal “Agua y Energía” y fue requerido como testigo en el allanamiento de la casa de la sra. Laura Álvarez, sólo recuerda que losa soldados revisaron todo (colchones, roperos) e hicieron mucho daño en la casa.

El ex policía de La Toma, Jorge Andrés Mora, quien dijo haber tenido la tarea de enviar partes informativos al D2 sobre reuniones políticas o subversivas –cosa que dijo nunca tuvo que hacer porque no las había-, contó que fue convocado a la Comisaría después de la medianoche; que había 4 camiones del Ejército, “muchísimos militares” y personal policial del que recuerda a los Comisarios Becerra y Garro; que iban a detener personas pero desconocía el motivo.
Dijo que lo mandaron a encerrarse en una oficina de la que salió a las 9,30 o 10 de la mañana cuando ya se había retirado el personal militar, y que luego por comentarios se enteró que habían detenido a Fiochetti, Fernández y Trepín y a Angle en la Terminal.
Aunque al ser preguntado negó haber hecho la identificación de los domicilios de los detenidos, de la lectura de un fragmento de su declaración realizada hace 22 años -en la que reconoce su firma- se desprende que lo hizo. Entonces admitió que pudo haber sido de la casa de Fernández.
También incurrió en otra contradicción cuando afirmó no haber visto ni escuchado nada desde la oficina donde le ordenaron encerrarse, mientras en su declaración anterior consigna que desde ese lugar “observó a los detenidos de atrás con las manos atadas”.

El Comisario retirado Miguel Ángel Escudero, ya en tiempos de democracia, fue el encargado de instruir el sumario administrativo al David Becerra y a Pérez “seguramente por orden de la Jefatura”, pero no recuerda prácticamente nada en torno a eso.

El último testigo citado fue el cabo retirado Antonio Ceferino Becerra que inició la respuestas al cuestionario con un “No me acuerdo de nada”, lo que anuló la posibilidad de aportar alguna información.

Al término de la audiencia, el Tribunal dio a conocer dos resoluciones por las cuales habilita la feria judicial del mes de enero para dar continuidad al juicio “considerando que resta producirse abundante prueba oral", y la suspensión del debate -por las festividades- entre los días 24 de diciembre y 6 de enero inclusive, para reanudar el día 7 de enero a partir de las 10:30 horas.

lunes, diciembre 01, 2008

17ª jornada de Juicio Histórico. Declararon los testigos Oscar Alcides Trepín y Ricardo Angle

“Becerra mandaba”
En la mañana de hoy, y luego de varias ocasiones pospuestas, prestaron declaración dos de los hombres de La Toma que fueron detenidos en la primavera de aquel nefasto septiembre 1976.
Oscar Alcides Trepín, quien era inspector de la Delegación del Ministerio de Trabajo relató que en la madrugada del 21 de septiembre se encontraba durmiendo con su familia (su esposa estaba embarazada) cuando se encontró rodeado de policías y militares que allanaban con violencia su domicilio. Habían entrado por una puerta del patio que estaba abierta porque su hijo de 13 años esperaba a sus amigos para ir de picnic.

“Becerra comandaba el operativo y el agente Mansilla hizo el acta”, afirmó. Los reconoció su esposa que era radioperadora en la Comisaría.
En una clara muestra de la impunidad con que se manejaban las fuerzas de seguridad, Trepín contó que Becerra se atrevió tomar de su mesa de luz, cartas “que le había mandado a mi señora”, y sentado en la cama matrimonial comenzó a leerlas.
A punta de pistola fue llevado detenido a la Comisaría de La Toma por hombres que portaban armas largas. Al llegar, dijo que escuchó el llanto de Graciela Fiochetti.
De los policías sólo reconoció a uno que llamaban “Negro” Orozco y recuerda También que nombraban a Dana.

A Trepín lo pusieron de pie contra una pared y con las manos en la nuca. Allí fue torturado.
“Al rato trajeron a Fernández, después me vendaron los ojos con trapos y estuvimos así hasta que nos llevaron por la galería hasta el fondo donde había una oficina, un escalón y nos subieron a un camión del Ejército donde nos pusieron boca abajo”. Dijo que creyó reconocer que en el vehículo iba Graciela Fiochetti y supo que iban hacia San Luis cuando pasaron sobre las vías del tren. Después de aproximadamente dos horas “me arrastran y me bajan, me sacaron las vendas y por un rato todo lo que veía era un punto rojo. Ví que estaban Graciela y Fernández”. A quienes dijo liberaron la noche del 21 o madrugada del 22. “Graciela, al principio no quiso firmar el acta de libertad, pero corrigen algo y firma”. Vio que se los llevaron dos personas de civil. Preguntado sobre el estado de ambos, contestó “imagínese cómo estábamos”. En otro momento señaló “magullados”.

“¿Esta es la herencia que les dejó el “Juancho”?”
Trepín dijo que en la Jefatura no fue interrogado, pero le decían cosas en relación a las inspecciones laborales, por ejemplo en la Avícola San Miguel donde había señalado algunas faltas en las condiciones de trabajo. “¿Así que vos perseguís a la patronal?”, lo cuestionaron.
-“Lo nuestro es hacer cumplir la ley”, dijo que contestó.
Y le retrucaron “¿Esta es la herencia que les dejó el “Juancho”?”

Cuando le concedieron la libertad pidió una constancia para presentar en su trabajo y el oficial Lucero, tras consultar, se la dio. Quiso leer el contenido del acta de su libertad pero no lo dejaron, “me dijeron que me fuera rápido porque podían cambiar de idea”.
En un momento de su declaración reveló: “Fue horroroso, aún no puedo entender”.


Ricardo Angle: "Todo se basaba en mi condición de peronista"
Esa fue a la conclusión a la que llegaron Angle y los otros viejos peronistas de La Toma para explicar sus detenciones al inicio de la dictadura, dijo en la audiencia.
Hasta fines de abril de 1976, Ricardo Angle había sido empleado administrativo de la Policía, momento en que “me dejaron cesante sin explicación”.
Lo detuvieron en dos oportunidades: La primera vez fue llevado a la Comisaría 3ª y luego al Juzgado Federal desde donde lo liberaron.
La segunda, en septiembre de 1976. “Vengo a San Luis a cobrar el cheque del último sueldo y cuando estaba en la Terminal, a la 5 de la mañana (para regresar a La Toma) desayunando llegó un camión con unos soldados que se acercaron a la mesa y me llevaron a la Central de calle San Martín”.Alrededor de 3 días después me liberan”. Era el 21 de septiembre de 1976, la misma madrugada que militares y policías convulsionaron el pequeño pueblo de La Toma en un operativo en busca de “subversivos”.
Luego supo por su esposa que como a Graciela Fiochetti, Víctor Fernández – quien vivía en la casa del al lado- y a Oscar Trepín, también a él lo habían buscado esa madrugada en su domicilio, que fue allanado con violencia. “Habían rodeado la manzana, dieron vuelta todo, entraron en tropel”. También allanaron la casa de su suegra donde tenía una oficinita.
Sus padres y su cuñado lo buscaron de inmediato en todas las comisarías de San Luis pero se encontraron con la misma respuesta en todas: “no está, no está”.
Estuvo detenido e incomunicado, parado contra la pared, hasta el día 22 a las 13 horas cuando lo liberaron.
En la Jefatura vio al resto de los detenidos de La Toma y dijo que a Graciela Fiochetti y a Fernández los liberaron entre la noche y la madrugada del 22.
No identificó a ninguno de los hombres en la Jefatura, pero dijo que había personal de civil, militares y policías.
Dijo que su madre había acudido al Obispo Laise "como último recurso".Le contó que el sacerdote levantó un teléfono, habló algo y luego le dijo "quédese tranquila señora, su hijo va a salir en libertad, y así fue".


Al final de la audiencia, la secretaria del Tribunal leyó declaraciones de personas fallecidas, de la señora Laura Álvarez, madre de Graciela Fiochetti,y de testigos y empleados policiales de La Toma.

viernes, noviembre 28, 2008

Juicio Histórico:16ª jornada. Declaración del Coronel (r) Dana y ex policías

Pasadas las 11 de la mañana, y luego de 9 días de suspensión de las audiencias en que se juzgan delitos de lesa humanidad cometidos por ex militares y policías durante la última dictadura militar, se reanudó el debate oral y público.
“Se resuelve rechazar el recurso de Casación interpuesto por el Dr. Vidal y continuar con el normal desarrollo del debate hasta su finalización” fue la decisión que anunció el TOF al reiniciar las audiencias. El anuncio respondía a la recusación al Tribunal en pleno, interpuesta por el abogado defensor de los imputados Carlos Esteban Plá y Víctor David Becerra, quien primero en la audiencia del 17/11había recusado al juez Burad y que también había sido rechazada.
Aunque el planteo de apartar a uno de los miembros del Tribunal había sido dirigido al Tribunal de Casación, el día 24 de noviembre, la Sala 4 de dicho Tribunal consideró que el planteo debía ser resuelto por los integrantes del mismo Tribunal Federal de la provincia “atento al momento que transita el trámite de la causa tratándose de una recusación fundada en la actuación e intervención de un integrante del Tribunal durante el desarrollo del debate”…”tal como ha sido dispuesto en otros casos”.
Por otra parte, se anunció la decisión de que los miembros del Tribunal puedan ejercer en forma alternada la presidencia del mismo.

Declaró el Coronel (r) Horacio Ángel Dana
Lo hizo en calidad de testigo propuesto por la querella, la fiscalía y los abogados defensores.
El ex Teniente Primero contestó que en septiembre de 1976 se desempeñaba como Jefe de la Batería A (Sub unidad) del GADA 141, desde enero de 1976 hasta noviembre de ese año, y que “dependía de mi Jefe de Grupo” (el entonces Teniente Coronel Juan Carlos Moreno), y recordó que “en 1976 el país vivía un momento muy difícil por lo que eran frecuentes los operativos de seguridad que realizaba el GADA” (patrullajes, control de rutas) y estaban “aprestados” en forma permanente. En ese marco (la llamada “lucha contra la subversión”) admitió que tuvo a su cargo el operativo en La Toma, ordenado por su superior, del que sólo sabía que “debía detener, trasladar y entregar a la Policía a 3 o 4 personas sospechosas de pertenecer a la organización subversiva Montoneros”. Lo hizo con “un grupo heterogéneo” de 100 hombres que se trasladaron a la localidad en camiones. Señaló que la Policía provincial, de la que sólo recuerda al Comisario Becerra (y no a Plá), también acudió a esa localidad, pero en forma independiente del Grupo y adelantándose, y que eran quienes les proveyeron los nombres y los domicilios de las personas a detener.

A diferencia de lo declarado por los detenidos y sus familiares, Dana describe los allanamientos y detenciones, sin violencia, tal como rezan las actas labradas -en las reconoce su firma-, aunque admite la “forma enérgica” que revistieron. “Hicimos los reconocimientos para identificar cada domicilio, se rodearon, e intimamos a las personas antes del amanecer, presentándonos como Ejército Argentino”.
Para demostrar su lejanía de la responsabilidad por los destinos de los detenidos, dijo que sabía que fueron “la señorita Fiochetti, Trepin, Angles y Fernández, por la crónica periodística, sino, no sabía”.
Y en contradicción con todo lo expuesto hasta ahora, aseguró que viajaron a San Luis sin ser vendados y que hasta su entrega en la Jefatura de Policía –donde asegura que terminó su misión- “estaban en buenas condiciones físicas”.
El operativo, que tal como admitió Dana, no tuvo resistencia alguna y en el que tampoco se hallaron armas ni “material subversivo”, fue reportado como “Sin novedad” (“sobre el personal, sobre los vehículos, sobre el armamento”) a la superioridad.

Al igual que el resto de los involucrados en aquel período el ex Jefe de Batería también recurrió a los conocidos “No me acuerdo”, “Han pasado 32 años”. Otro escollo para el conocimiento de los hechos señalado fue su baja jerarquía de entonces; y de lo poco que sabe o recuerda, la mayor parte la ha obtenido de “la crónica periodística”. Sin embargo, se esperaba mucho más, dado que ha sido señalado como uno de los que mató a Graciela Fiochetti en Las Salinas del Bebedero.

Contradicciones
Dana negó rotundamente lo declarado por el ex oficial Juan Carlos Pérez, que afirmaba que tras la liberación de Graciela Fiochetti, la vio salir de la Jefatura acompañada por el Teniente Primero Dana. “Es totalmente falso y una infamia total”, sostuvo ofuscado.
Tampoco aceptó lo dicho por el ex capitán Plá. Que en una reunión mantenida en 2006 entre los imputados en la causa, Dana había manifestado “Me estoy comiendo un garrón”. Esto justificó un pedido de careo por parte del Dr. Mercado, defensor de Fernández Gez.

Testimoniales de los ex agentes policiales cabo de la Policía Juan Amador Garro, Comisario Omar Correa y el chofer Jorge Félix Natel.

En 1976, Juan Amador Garro se desempeñaba como cabo del D2, el Departamento de Investigaciones de la Policía al mando del Comisario Víctor David Becerra, e integrad -según recuerda el testigo- por entre otros, los oficiales Juan Carlos Pérez, Valdéz, Gómez, Ricarte, Calderón y Velázquez. Éste último, -recordó-“era un fantasma, aparecía y desaparecía sin rendir cuentas a nadie”.
A diferencia de lo que otros testigos sostuvieron, niega que VeláZquez fuera el chofer de Plá. Los choferes que mencionó fueron Natel, Lucero, Rosso e Ingolingo.
Coincide con los policías que han testimoniado en que las órdenes (en las “acciones antisubversivas”) las daba el Ejército, mientras que la Policía sólo daba apoyo o colaboración, como cuando fue comisionado junto a Calderón y Velázqez para retirar los cadáveres de la morgue del Policlínico y llevarlos al Cementerio del Rosario para ser enterrados como NN. Recuerda que había 2 fosas, pero no pudo precisar el lugar. Sí recordó que los cuerpos estaban negros, rígidos y sin ropa, y
dijo haber escuchado comentarios de que uno de los cuerpos era el de Graciela Fiochetti que estaba desaparecida.
No recordó a los detenidos en La Toma ni a Pedro Ledesma, aunque supo de su desaparición por una lista que estaba expuesta en la Jefatura en la que también figuraban Arrostito, Arrabaolaza y Roberto García que era su amigo.

Operaciones
El 20 de septiembre de 1976 participó como consigna del allanamiento en la casa de Agüero, en donde el retén montado en las cercanías -relató- dio la voz de alto a un vehículo del que se bajó uno disparando e hirió a un soldado, y luego murió por las esquirlas al impactar un proyectil en la boca del arma del “sanjuanino” (Raúl Cobos). “Las otras personas, Ledesma y Sarmiento fueron detenidas por el Ejército y no los vimos más”, contó.
La misma noche del 20 allanaron la casa de Ledesma; una operación del Departamento de Operaciones (D3), cree que a cargo de Albizu. Asegura que a Plá no lo vio. “¿Qué resultados tuvo?” le preguntaron. “Nada”, contestó y no sabe quién hizo el acta.
Recibió al día siguiente al padre de Ledesma en el hall de la Jefatura y contó que se presentó muchas veces, aunque no sabía quién daba la orden para atenderlo.
También recordó haber sido llevado como consigna a Las Salinas “pero nunca supe nada”, “ellos nos bajaron y siguieron adelante y volvieron después de media hora y nos fuimos”. También en esa ocasión niega la presencia de Plá.
Dentro de estas acciones, dijo haber llevado detenida a Mirtha Rosales. Y aseguró que nunca vio interrogatorios ni torturas, ni sabe si hubo detenidos en “La Granja”, aunque el juez Cortéz le recordó que en su declaración de 1986 había dicho que en la Comisaría 2ª -donde los dejaban apostados- suponía que llevaban gente para ser torturada.

Omar Gerardo Correa se desempeñó en la Policía desde 1963 hasta 1987. En 1976 era oficial.
En su declaración testimonial fue preguntado por la querella respecto de un informe sobre la detención en el D2 de Graciela Fiochetti, que le fuera solicitado por un superior -ya en tiempos de democracia-. Contestó que se revisaron los libros de Guardia, pero no figuraba que hubiera estado detenida.
- Pero sí hubo un acta de libertad- dijo el Dr. Ponce- donde agrega un oficio firmado por usted.
- Puede ser - Contestó el testigo.
Luego de que se le exhibiera la documentación aludida, Correa admitió: “Con Serrano y Miní buscamos cosas que se agregaron. Ahí encontramos el acta de libertad”. Recordó que por oficio de un juez recabó esta información que fue remitida a la Justicia.

Jorge Félix Natel
En el período investigado, se desempeñaba como chofer con grado de agente en el D2, donde tenía como superior al Comisario Becerra.
Mencionó algunos de los compañeros de trabajo: Garro, Alaniz, Lucero, Calderón, Ingolingo y Velázquez “que salía y entraba sin función” y “recibía órdenes de Becerra”.
Aunque en su declaración ante el juez González Macías en 1986 dijo saber de detenidos traídos del interior de la provincia y que " a los detenidso les tomaban declaración Ricarte y Orozco"; esta vez declaró saber sólo por comentarios acerca del operativo y los detenidos en La Toma, y el hallazgo de los cadáveres en Las Salinas del Bebedero.
En relación al conocimiento de detenidos, sólo recuerda a Sarmiento –que era su vecino- y que fue llevado al D2 al día siguiente del enfrentamiento de Cobos con las fuerzas militares y policiales. También afirmó “ví que entraban y salían Moreno, Plá y Becerra”, aunque aclaró que no era habitual que llegaran militares, al menos en su turno.
Dijo que Pérez era el “Segundo Jefe, Subcomisario, era de escuela”, que interrogaba; que el chofer de Plá “era un colimba”. Pero no recordó si llevaban gente detenida al Casino de Oficiales y que desconocía "La Granja" y "La Escuelita".

El Tribunal anunció para el próximo lunes la citación a declarar a Oscar Trepín y Ricardo Anglé y la lectura de las declaraciones de las personas fallecidas, entre las que está la de doña Laura Álvarez, madre de Graciela Fiochetti.

Al no ser mencionada la declaración de Jorge Hugo Velázquez, el Dr. Ponce señaló la falta, a lo que el Dr.Vidal (defensor) contestó que él había pedido que no se leyera. El Dr. Ponce le señaló que su pedido había sido hecho extemporáneamente (fuera de término) ante lo que el juez Nasif explicó que "una cosa es la lectura y otra la valoración para la sentencia".

domingo, noviembre 23, 2008

Charla informativa sobre el primer Juicio Histórico en Cuyo

El jueves 20, en el Microcine de la UNSL se llevó a cabo la charla-debate organizada por APDH, El Taller, Revistas Callejeras, MLO, Revista La Resistencia, Centro de Estudiantes Lucio Lucero y Estudiantes Secundarios y Universitarios Autoconvocados.
En la mesa participaron la presidenta de APDH, Cuqui Álvarez, el abogado de la querella Dr. Enrique Ponce e integrantes de la agrupación H.I.J.O.S. Regional Río Cuarto, Fernanda Oviedo y Luciano Giuliani.
Despúes de la presentación de parte de Daniel Cayuman, Lilian Videla trazó una breve reseña histórica sobre la lucha iniciada en San Luis por APDH y familiares desde fines de la dictadura, primero exigiendo “Aparición con Vida” y luego “Juicio y Castigo”, lucha que se vio frustrada con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final hasta la derogación de éstas con la posibilidad de reabrir las causas por los crímenes de la dictadura, hecho que se concretó el 22 de agosto de 2006, ante el juez Federal de San Luis donde el organismo junto al MEDH se presentó como querellante por todos los hechos cometidos en la provincia.

Luego, el Dr. Enrique Ponce, abogado de la querella de las causas hoy en juicio (Fiochetti, Ledesma, Alcaráz y Fernández) informó que se había recibido en los Tribunales de San Luis un documento del juicio contra Bruno Laborda tramitado en los Tribunales de Córdoba, donde se revela claramente "la actuación orgánica de las fuerzas militares y policiales en todo el país, respondiendo a instrucciones precisas de cómo actuar antes, durante y después del accionar clandestino y represivo". Así es como la actitud asumida por los imputados y testigos de las fuerzas militares y policiales en el actual proceso, es coherente con dichas instrucciones, donde además de la mendacidad, aparecen las ya programadas respuestas: “No lo sabía”, “No recuerdo”, “Han pasado 30 años”, “Estoy enfermo”. Esto se comprueba no sólo en este juicio sino también en el resto que se sustancian en el resto del país.

“Cuqui” Álvarez, hermana de Graciela Fiochetti, invitó principalmente a los jóvenes a reflexionar sobre el significado de la Libertad unido a los sueños de compromiso y solidaridad, característica de los jóvenes militantes de los `70 en la lucha por un país más justo y libre para todos, y resaltando que pese a su dolor, nunca deseó venganza, pero sí Verdad Memoria y Justicia.

Cerraron la charla Fernanda y Luciano, los H.I.J.O.S. de Río Cuarto que contaron su experiencia en la búsqueda de la verdad de los hechos ocurridos sobre los militantes de esa ciudad, que por años fueron silenciados por la sociedad que prefería decir “Aquí no pasó nada”. Su tarea les ha permitido encontrar mucha documentación, como ocurrió en dependencias policiales, material a partir del cual reconstruyen las historias, hasta ahora silenciadas.
También coincidieron en señalar la similitud de la actuación de los agentes de la represión, la misma metodología utilizada: detenciones clandestinas, torturas, ocultamiento de muertes (desapariciones)o simulación de muertes en enfrentamientos, nunca una posibilidad de acusación, defensa y castigo.
Recalcaron la importancia de tener un espacio físico -el Museo de la Memoria- donde funciona una biblioteca y la organización de la documentación digitalizada para preservar los hechos y documentos de este período que todavía algunos sectores pretenden borrar.

lunes, noviembre 17, 2008

COMUNICADO
A 32 años del golpe militar
30.000 detenidos desaparecidos
¡Presentes!Juicio y Castigo en Cárcel Común

Ante la recusación planteada por el abogado defensor Dr. Hernán Vidal al Vocal del Tribunal Oral Federal Dr. Burad por los cargos de “prejuzgamiento y parcialidad manifiesta” en la audiencia del día de la fecha, la ASAMBLEA PERMANENTE por los DERECHOS HUMANOS hace público su apoyo a la ecuanimidad del Tribunal demostrada hasta la fecha y específicamente frente a la declaración del ex oficial principal de Policía de la Departamental Pringles en La Toma, Pedro Armando Gil Puebla, que durante toda la audiencia mostró su vergonzosa mendacidad escudándose en sus problemas de salud y los más de 30 años transcurridos. Esta actitud, ya asumida llamativamente por los militares y policías que hasta la fecha han declarado, en la que todos aducen falta de memoria, precario estado de salud, haciéndonos recordar la conducta indecorosa, falaz y maliciosa manifestada en Tucumán por el genocida Bussi, tan distinta a cuando debían disponer del destino de sus inocentes víctimas.
Asimismo la Asamblea considera la actitud del Dr. Vidal como impertinente y temeraria, mostrando irrespetuosidad frente al Tribunal, conductas que pueden ser interpretadas como recursos de la defensa, frente a la evidencia ampliamente probada de la culpabilidad de sus defendidos y la sentencia a condena perpetua y en cárcel común inminentes.
Sigue preocupando a esta Asamblea que ante el falso testimonio del testigo, el Tribunal no disponga la inmediata detención, al menos hasta que sean aclaradas las contradicciones con lo testimoniado en el año 1986 y los dichos de la audiencia actual, lo que fue solicitado por el abogado de la querella Dr. Enrique Ponce.

San Luis, 17 de noviembre de 2008

15ª jornada del Juicio Histórico. Ex oficial ppal.Gil Puebla, otro testigo que nada recuerda

El ex oficial principal de la Policía de La Toma en 1976, Pedro Armando Gil Puebla compareció hoy como testigo ante el TOF, que debió sobrellevar otro capítulo de “no me recuerdo, Dr.”, “han pasado más de 30 años”, “no sé, estoy enfermo”, de parte de otro de los hombres que estuvieron en la escena de las detenciones de Carlos Víctor Fernández y Graciela Fiochetti.

El hombre que Víctor Fernández recuerda como uno de los asistentes de su torturador Víctor David Becerra, admitió que aquella noche del 21 de septiembre de 1976 los hombres del Ejército tomaron la Jefatura de Policía de La Toma, “mandaban ellos”.
En otro momento, tras varios intentos de parte de la fiscal por encender su memoria, recordó que “por el portón de chapa dentró un camión (al patio) y cargó a la gente política”, pero ignoraba el destino de ese vehículo.

Gil Puebla dejó en evidencia sus contradicciones con lo testimoniado en 1985, cuando el Dr. Burad leyó parte de aquellas declaraciones en las que reconocía a los cuatro detenidos (Fiochetti, Fernández, Trepin y Angles) y calificaba lo sucedido con Graciela Fiochetti como “eso fue tremendo” y ahora sólo dijo haber conocido a Trepín, a pesar de haber trabajado en la mismas dependencias que Víctor Fernández.

Respecto de Plá, dijo que sólo lo vio una vez, en su despacho, “estaba agachado”; y a Becerra, además de haberlo visto varias veces lo recordó entre los militares que operaron aquella noche en La Toma. Entonces fue cuando el Dr. Burad le pidió que lo reconociera si estaba en la sala, ante lo que el Dr. Vidal (defensor) interfirió abruptamente la acción, incorporando a Becerra, diciendo “aquí está”. Aún así Gil Puebla siguió desconociendo, “no lo ubico” sostuvo.
Inmediatamente, y en forma intempestiva el Dr. Vidal planteó la recusación a ese juez, señlando que realizaba preguntas insidiosas a su defendido, lo que hizo que se suspendiera la audiencia pública y pasara a ser resuelto por el Tribunal.

Resolución de planteos
El TOF dio a conocer la respuesta a planteos presentados por las partes.
No dio lugar al pedido de incapacidad sobreviniente para el imputado Becerra presentado por su defensor, el Dr. Vidal que había expuesto una serie variada de dolencias que no alcanzaron para excusarlo de su comparecencia, y en cambio se dispondrá una sala contigua con personal médico para atender las posibles indisposiciones.
Con respecto a la insistencia del Dr.Shortrede para que el ex obispo Laise declare por escrito, tampoco lo aceptó el cuerpo de jueces y ratificó lo dispuesto: la declaración por medio de teleconferencia.

domingo, noviembre 16, 2008

14ª jornada del Juicio Histórico. Fernández Gez amplía indagatoria.

Jueves 13 de noviembre. Ante la negativa del Tribunal al careo solicitado entre el testigo Coronel(r) Juan Carlos Moreno y el imputado Coronel Fernández Gez, éste pidió ampliar su declaración indagatoria donde rebatió algunos dichos del ex Jefe del GADA, al que le atribuyó la dirección del fusilamiento de Graciela Fiochetti en las Salinas “donde Daract, Quiroga y Dana dispararon al mismo tiempo, errándole; Moreno le rozó la cabeza y Dana le dio el tiro de gracia”. Dijo haber conocer esto por ellos mismos, cuando en octubre de 2006, al poco tiempo de ser detenido lo fueron a ver a su domicilio y “me exigieron que asumiera mi responsabilidad por el grado y cargo que ostentaba”.

Hizo su descargo: “Yo no acepté todos estos procedimientos encubiertos, esa es mi conducta” y señaló que “había niveles de responsabilidad y que los elementos ejecutores eran el GADA y la Policía que dependían del Comandante del Cuerpo, no de mí, quiero aclarar”… “Yo asumo la responsabilidad del cargo, que se va a definir aquí”.

Ratificó su acusación al ex obispo Rodolfo Laise, quien le habría pedido eliminar a un sacerdote que se iba a casar, y que su negativa (“le dije que no era asesino”) le valió el despreció de la grey católica de San Luis. Lo recordó como “un hombre muy vinculado a la derecha, muy derecha, que vino a hacer desaparecer el tercermundismo acá”.

El Coronel Miguel Ángel Fernández Gez, entonces Teniente Coronel, explicó que su llegada a San Luis a inicios de 1976 se debió a la transferencia desde Córdoba de la sede del Comando de Artillería, que acá “eran oficinas, nada más, 4 oficinas de los integrantes de la Plana Mayor y sus secretarios y un pequeño pelotón de guardia”, que obedecía a la planificación del orden superior; y en relación a la lucha contra la subversión consistía en “planificar, analizar y desdoblar las órdenes para cumplir” que se realizaba en 4 únicos pasos: “reunión de información, investigación, detención e interrogación y poner a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) a través del juez federal, o largarlos”. Yo sólo era un intermediario”, afirmó.

Este “desdoblador de órdenes” como se autodefinió también, indicó que el territorio se dividió en zonas, subzonas, áreas; él era Jefe del Área 333 designado por el General Menéndez, Jefe del III Cuerpo de Ejército; esa, explicó "fue la organización que se dio al país para la lucha contra la subversión” para lo cual se elaboraron los decretos 2770, 2771 y 2772 de octubre de 1975 -recordó- "en los que se le asignaba al Ejército Mayor Conjunto el papel ejecutor, y se disponía a la Policía y las unidades penitenciarias bajo su control operacional".

En ese contexto se situó Fernández Gez para distinguir las “órdenes convencionales o clásicas” y las “no convencionales o irregulares, donde el enemigo no era un ejército de otro país, sino el enemigo que se identificaba como subversivo”. …“El contenido es diferente -aclaró- la orden común responde a preguntas tales como quién, cómo, dónde, para qué; pero en las del ámbito subversivo esas preguntas quedan en el anonimato, no tienen tiempo ni espacio, es difuso, adquieren un carácter más amplio y le da mayor libertad de acción a los medios ejecutores”
Preguntado sobre qué era un sospechoso de ser subversivo dijo “cuando se tiene elementos de juicio de que está vinculado a algo” y agregó que “había varios niveles: ideólogos, simpatizantes, y otros; no conozco detalles”.

(Es este el marco en el que se investiga el accionar de los personajes imputados, porque los delitos cometidos, que lesionan a la humanidad entera por su aberración y crueldad, recayeron sobre jóvenes militantes políticos o sociales, ciudadanos, a quienes los usurpadores del poder del Estado convirtieron en el enemigo a eliminar)

Del operativo en La Toma dijo que la información de las personas a detener había surgido del escrito que le hallaron a Cobos cuando fue abatido en un operativo; que le informaron que la gente detenida no tenía nada que ver, “fue una investigación fallida, no eran vinculados a la organización, por eso dije lárguenlos”.

Las contradicciones con Moreno
Fernández Gez trazó un organigrama distinto al del testigo Moreno. El imputado señaló al GADA como elemento ejecutor junto a la Policía ya que contaba con toda la estructura y personal de la que carecía el Comando, y en esto, basó también las otras actuaciones que el Coronel (r) Moreno niega: la toma de la Casa de Gobierno y de la Policía el día del golpe del 24 de marzo de 1976; la reclusión y custodia del gobernador y sus ministros en el Casino de Oficiales del Comando; la custodia del predio “La Granja” donde el GADA y el pequeño pelotón a su cargo realizaban instrucción militar.
También los ex camaradas se contradijeron en cuanto al crucial papel de la reunión y análisis de la información sobre presuntos subversivos. Mientras el jefe del GADA la ubica en el área de Inteligencia de la Plana Mayor del Comando, Fernández Gez la recuerda proveniente del GADA y la Policía.
Las diferencias entre ambos son de vieja data, Fernández Gez recordó que “el Teniente Juan Carlos Moreno quería ser Jefe de la Guarnición por arriba mío” y mencionó algunas situaciones donde el jefe del GADA lo había "puenteado".

Moreno careado con Cuqui Álvarez y Segundo Ledesma

Para el final quedaron los careos solicitados por la Querella a raíz de las contradicciones con sus representados.
La hermana de Graciela Fiochetti le recordó que cuando las atendió a ella y a su madre les había dicho que él había ordenado la detención de Graciela porque su nombre aparecía en el papel encontrado a Cobos, el que les mostró; mientras que en el testimonio del miércoles había desconocido ese hecho.
- Puede ser, a 32 años y con 77 años de edad…- Contestó sin convicción el testigo.

La contradicción que le marcó Segundo Ledesma fue la negación de la entrevista que mantuvieron cuando buscaba a su hijo, donde le transmitió su sospecha sobre los policías.
Moreno dijo: -“Puedo confundirme, pero está la posibilidad de que haya sido así como usted dice”.

Ante esta situación el Dr. Mercado, defensor de Fernández Gez, solicitó la detención del coronel Moreno por demostrar reticencia a declarar y falso testimonio, además de acusarlo de encubrimiento por haber tenido conocimiento de que Graciela Fiochetti había sido “maltratada” y no habérselo dicho a su familia.

13ª jornada de Juicio Histórico. Declara el testigo Coronel (r) Juan Carlos Moreno

En la audiencia 13 del juicio por crímenes de lesa humanidad se escuchó –con demasiados “no recuerdo”, “puede ser” y “no sé”- al testigo ofrecido por la Querella el ex Teniente Coronel Juan Carlos Moreno, Jefe del GADA 141 (Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea) por aquellos años, quien permanentemente adjudicó toda la responsabilidad de lo actuado entonces, al Coronel Fernández Gez, Jefe del Comando de Artillería, “toda la autoridad pasaba por el Comando de Artillería” ... “las relaciones entre ambas dependencias (Comando y Grupo) era una relación de órdenes que impartía el Comando, nosotros no teníamos ninguna responsabilidad, ni de asesoramiento” se deslindó Moreno.

Así, cuando trazó la orgánica, ubicó claramente diferenciados en un círculo superior al Comando de Artillería con su Plana Mayor “que asesoraba al Comandante” conformada por el Coronel López (Logística y Personal), Tte. Coronel Loaldi (Inteligencia) y el Tte. Coronel Quiroga (Operaciones; y por otro lado(en un círculo aparte y abajo) el GADA, absolutamente dependiente del primero.
También contó: “Mensualmente teníamos la visita de inspección de la parte técnica militar del Sr. General Menéndez, Comandante del III Cuerpo de quien dependíamos” al que recordó con admiración: “Cada medida de él era una enseñanza”.

Respecto de la detención de Graciela Fiochetti, primero negó haber oredenado detenerla y luego admitió haberlo hecho obedeciendo órdenes de la superioridad. Reconoció haber recibido a la madre de Graciela:“la hago pasar y me dice que no la habían atendido en el otros lugares, había que ayudarla en la desesperación natural de una madre, que la buscaba porque le habían dicho que la habían visto. Llamo a la Jefatura y le digo (a Plá) que la reciba”. Le preguntaron si después se interesó por su suerte. No, contestó, y más tarde agregó “tuve alguna versión de que había sido un tanto maltratada”.

Aunque durante toda la declaración remarcó que la función específica en la lucha contra la subversión del Grupo que dirigía era la “detención, traslado y entrega a la Policía” de las personas que ordenaba el Comando, debió admitir que para el operativo en La Toma que “dirigió el Teniente Dana”, su Grupo dispuso (siempre por orden del Comando) la batería de Tiro, aproximadamente 100 hombres, más 4 o 5 camiones y armamento, y que además participaron la Policía de San Luis con personal, vehículos y armamento y la de La Toma, “que ya tenía los nombres y las direcciones” de las personas a detener.
De ese operativo del que resultaron las violentas detenciones de Graciela Fiochetti, Carlos Víctor Fernández, Oscar Trepín y Angles, recordó que en la planificación ya preveían que “iba a ser difícil“, que “iba a ser duro”
-¿Qué sabe usted de esto que iba a ser tan difícil y resultó tan fácil?, ¿duro para quién? - preguntó el juez Burad.
-Para todos, a medida que uno fue tomando contacto con la familia llega a la conclusión de lo triste que ha sido. Siempre he mantenido el deseo que esto no se produjera- contestó.
El mismo juez le comentó: “Casualmente ayer encontré en la casa de esa madre, un libro infantil que decía: “te llevaste el dolor y yo me quedé con la pena”, qué sintomático que usted sienta lo mismo en este momento”.

Cuando el Coronel explicó el traslado de dos de sus hombres (Franco y Plá) a la Policía “por cosas que eran nuevas” y le preguntaron por qué no se opuso a que le sacaran dos “buenos oficiales” tal como los había calificado, contestó porque “podíamos darnos el gusto de participar en algo importante”.

Sin poder precisar fechas (“hace 2 o 3 años”), admitió haberse reunido con Plá “para darnos apoyo legal" y que las reuniones "eran para ver en qué forma podíamos no estar injuriados por algo que no tuvimos nada que ver".

La cerradura
El Dr. Vidal (defensor de Plá)solicitó que se exhibiera nuevamente la cerradura de la puerta de la casa de Graciela Fiochetti para aprovechar los conocimientos del testigo -el Coronoel fue director de la Escuela Superior de Guerra-para consultarle si el impacto que acusa pudo haberlo producido un arma de guerra. Moreno la estudió y dijo "depende de la distancia, puede ser munición militar".

miércoles, noviembre 12, 2008

Comunicado de APDH

A 32 años del golpe militar
30.000 detenidos desaparecidos ¡Presentes!


Ante las amenazas expresadas en la jornada del lunes 10 del corriente por el testigo Roberto Arce, contra el abogado Dr. Enrique Ponce, abogado patrocinante de la querella y de la Asamblea Permanente por los DDHH, como así también los agravios a los abogados de la defensa, a periodistas y al mismo Tribunal, La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Filial San Luis (APDH), repudia dichas ofensas. Expresa su solidaridad con las personas injustamente agraviadas y la manifiesta irrespetuosidad hacia el propio Tribunal.
Preocupa también, la actitud de mendacidad manifestada por el testigo que permanentemente pretendió confundir y negar anteriores declaraciones. Es también de advertir que el Sr Arce dijo y se desdijo en demasiadas oportunidades, tuvo reiteradas contradicciones, algunas señaladas por el propio Tribunal, por lo que a nuestro entender habría incurrido en el delito de FALSO TESTIMONIO, motivo también para haber dispuesto su inmediata detención al menos hasta que fueran aclaradas. Expresamos nuestra solidaridad con el Dr. Enrique Ponce y los abogados de la defensa, periodistas y magistrados e instamos al respeto y uso reflexivo de las garantías constitucionales.-

San Luis, 12 de Noviembre de 2008

12ª Jornada de Juicio Histórico. 32 años después, operativo Justicia en La Toma

Inspecciones oculares y testimoniales de Alfredo y Teodora Álvarez

La Toma.- Mañana del 11 de noviembre de 2008. El Tribunal Oral Federal que juzga los delitos de lesa humanidad cometidos por las fuerzas policiales y militares durante la dictadura, se constituyó en esta localidad donde en septiembre de 1976 fueron detenidos 4 jóvenes, 2 de los cuales fueron víctimas del terrorismo de estado que después de 32 años la Justicia empezó a desentrañar.

Los 4 jueces del Tribunal, la Querella (Dr. Ponce), Fiscal (Dra. Allende), Secretaria (Dra. Ema Suárez) y abogados de la defensa (Dres. Papalardo, Vidal y Mercado), acompañados por integrantes de APDH, periodistas y público local y de San Luis, asistieron al reconocimiento que Víctor “Gringo” Fernández hizo del edificio donde funcionaba la Comisaría donde estuvo alojado la noche del 21 de septiembre del ´76. Contó cómo con las manos en la nuca y a golpes de culatazos ingresó a lo que era una especie de centro cívico donde funcionaba la Municipalidad, la Comisaría y la delegación del Ministerio de Trabajo del que él era inspector.

Parte del edificio es ahora oficina del Plan de Inclusión, pero la estructura de entonces no ha variado y se ajusta al croquis que “Gringo” Fernández trazó en su declaración la semana pasada. Las oficinas conservan los carteles identificatorios en mármol onix, la que dice “Marcas y Señales” es “donde Becerra me torturó” ratificó “Gringo”, y luego reconoció al final de la galería, la oficina de la radioperadora, y a pocos metros de ésta, el lugar hasta donde ingresó el camión en que fue llevado a San Luis junto a Graciela Fiochetti.
En la parte posterior se inspeccionaron los que eran calabozos; en uno de ellos se observaron cajas con documentación que el Dr. Ponce solicitó se resguarden, medida que el Tribunal aceptó.

La casa de Graciela

El grupo se trasladó a pocas cuadras, a la casa de Moreno 160 de donde fue arrancada Graciela aquella primavera para nunca más volver. Allí su hermana, María Magdalena Álvarez (“Cuqui”) ratificó su declaración y mostró la puerta que recibió el disparo de Plá y que fue reparada por el tío Alfredo que es carpintero. La cerradura violentada fue preservada como prueba por el Dr. González Macías en la primera instrucción de la causa, en 1986, y exhibida en una de las últimas audiencias.
“Cuqui” fue convocando los recuerdos y señalando: la habitación de Graciela, la disposición de los muebles, los objetos de la familia y el encuentro con todo eso revuelto y violentado por las fuerzas del orden que buscaban armas y documentación.

Hallazgo
De una de las paredes todavía colgaba una lámina con la imagen de un gato; Cuqui la señaló y contó una anécdota: debajo de esa figura, su madre, ferviente militante peronista, en los años de proscripción había ocultado celosamente una foto de Perón. El juez Burad atento al relato, propuso comprobar; lo hicieron y despegando la inocente figura, apareció el rostro del “primer trabajador”, que por un largo período de nuestra historia constituyó casi un delito.

El tío Alfredo Álvarez
Los jueces y toda la comitiva fueron hasta la casa del hermano de doña Laura Álvarez, el tío Alfredo, de 84 años, carpintero. Quien ante la detención de su sobrina Graciela se apostó en la puerta de la Comisaría a esperarla “porque sabía que no tenía nada que ver”, y no le creyó a Plá cuando le aseguró que la había liberado y que seguramente sus compañeros la habían llevado fuera de la República; y el que se topó contra la pared del miedo generalizado cuando intentó encontrar algún abogado. Dice que se excusaban: “no podemos actuar porque nos ponen presos”. Y también fue el que acompañó a Cuqui a la morgue para reconocer el cuerpo.

“Me miró como diciendo salvame”
Recordó la tía Teodora Álvarez de Giusepe, que era radioperadora en la Comisaría de La Toma y la noche de las detenciones estaba trabajando. Dijo que llegó un camión del Ejército con militares y policías y que le avisaron que ahí venía el capitán Plá, quien en un momento le pidió una golosina “porque no había comido nada en todo el día”.
“Escuchamos tiros que no sé de dónde venían, y al rato vi que traían a mi sobrina, agarrada por un uniformado de cada lado; me miró como diciendo “salvame”. Al rato escuché gritos y me hicieron cerrar la ventana, pero seguía escuchando los gritos.
Supo después que “le hundían la cabeza en la pileta del patio, y que la metieron en la 2ª oficina, del subjefe”.
Cuando terminó el turno de trabajo fue a ver a su hija, por quien temía, y después a su hermana Laura. “Le habían pegado un tiro en la puerta, le habían revuelto todo, los colchones… y me dijo que Mansilla había dejado armas y que ella le dijo que se las llevara”… “Yo no viajé a San Luis, tenía mucho miedo”…


Entre las personas que acompañaron la jornada, estuvo Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA -lugar que compartió con la hermana desaparecida del Dr. Enrique Ponce, Ana María-, y desde entonces férrea militante de derechos humanos y quien, consultada por el cronista de Radio Universidad recordó que “el plan de la dictadura genocida era el exterminio físico y simbólico de todos aquellos que portaran personal y colectivamente algún espíritu solidario de trabajo colectivo, de participación” y se refirió al asombro que sigue produciendo el dolor y el destrozo ocasionado en el cuerpo social de nuestro pueblo por los militares y sus asociados civiles, pero que también “sigue vitalizando esta exigencia de justicia que no debemos abandonar nunca”.

(Fotos, gentileza de Periodistas en la red)

martes, noviembre 11, 2008

11ª Jornada de Juicio Histórico. Extensa y confusa declaración de Roberto Jesús Arce

Nuevamente el TOF sorprendió, al menos a la Querella y a parte del público con el testimonio de Arce, ya que se esperaban las declaraciones de Angles y Trepín, dos de los detenidos en la noche del operativo La Toma, junto a Fernández y Fiochetti. Además era lo previsto teniendo en cuenta el argumento en que fundó el presidente la también inesperada inclusión del testimonio de Juan Cruz Sarmiento la semana anterior: “el seguimiento cronológico de los hechos”.

Roberto Jesús Arce, quien a mediados de los `80 había señalado a Plá como autor de los asesinatos de Graciela Fiochetti y Santana Alcaráz ante el juez de Instrucción Juan Antonio González Macías, ayer desmintió tal versión y manifestó que lo declarado entonces, lo había hecho “bajo torturas y presiones psicológicas” y en un principio desconoció su firma en ese documento, para después ir recuperando parcialmente la memoria, afectada según el declarante, por una diabetes y algunas afecciones psíquicas.

Lo dicho por Arce fue mucho y confuso, plagado de contradicciones que dejaron muy poco en claro. Mareó a los presentes con una batería de hechos,lugares y personajes que conoce y desconoce al mismo tiempo. Aunque sí reconoció – y en eso no se contradijo- a Jorge Hugo Velásquez como chofer de Plá, “era vox populi”, dijo. También señaló a Becerra como conocido torturador de aquellos años.

Fue acusado por el homicidio de Diego Funes, por lo que estuvo detenido durante años, aunque él lo atribuye a su militancia política en el peronismo -trayectoria que nadie recuerda-, y considera haber sido “víctima de una estafa procesal”.

Desconoce haber operado con la policía o ser miembro de los servicios de Inteligencia dependientes del III Cuerpo de Ejército, como alguna vez contó en la Justicia y declara tareas menos comprometidas como chofer de ambulancia de una obra social policial y de la Universidad, y gomero. Sin embargo es difícil entender sus vinculaciones con el ex rector Mauricio López desaparecido en 1977 o el obrero ceramista Roberto García, también desaparecido; o laS razones de la mención de su nombre en toda la oscura trama de la represión en San Luis.

El Dr. Enrique Ponce, abogado de la Querella solicitó al Tribunal la detención de Arce por falso testimonio y por amenazas a su persona, cosa que el testigo realizó en la puerta del recinto.

El Tribunal, que deberá resolver y expedirse al respecto, hoy se constituirá en la localidad de La Toma donde se realizarán algunas inspecciones oculares y se tomará declaración a los tíos de Graciela Fiochetti, Alfredo Álvarez y Teodora Álvarez de Giusepe, que por su edad y estado de salud no se podían trasladar a San Luis.

domingo, noviembre 09, 2008

Día 10 del Juicio Histórico: Testimonios de Segundo y “Pancho” Ledesma y Reina Alcaráz


Al final de la tercera semana de juzgamiento a los represores de San Luis, testimoniaron el padre y el hermano de Pedro Valentín Ledesma y la hermana de Santa Alcaráz.
La mañana del jueves 5 de noviembre, Don Segundo Ledesma les habló a los que sabe responsables de los 32 años de ausencia impune de su hijo Pedro Valentín Ledesma. Esta vez no pudieron esquivar sus palabras tenaces, ni mentir, ni mandarlo a preguntar a otra cómplice oficina. Desde atrás de un equipo de defensores Plá dibujó sus muecas cínicas, pero deberá responder.

El padre de Pedro Valentín contó el operativo policial y militar al mando de Plá y Becerra con el que se encontró al regresar a su casa la noche del 20 de septiembre de 1976. Un allanamiento en el que revolvieron todo y encontraron una revista “peligrosa” que acababan de colocar en la habitación de Pedro, al que decían buscar cuando ya lo tenían en su poder porque “andaba en malos pasos” al entender del Subjefe de policía.

Pedro había sido detenido esa misma tarde cuando iba en un auto con Juan Cruz Sarmiento y Raúl Cobos, y éste fue abatido por la policía cuando se encontraron repentinamente con un operativo policial militar.
Don Segundo fue varias veces a buscar a su hijo a la Jefatura, sin resultado, hasta que un día fue citado por el capitán Plá, a las 22 horas en la Comisaría de Pueblo Nuevo (2ª) en calle Sarmiento, donde el militar, previo despedir al amigo que acompañaba a Ledesma le dijo que le iba a entregar a su hijo, que sabía que no andaba en nada y que por un tiempo no lo dejara salir de la casa y que no fuera a la Universidad en lo que quedaba del año ni el siguiente.Padre e hijo se reencontraron. Pedro preguntó dónde estaba y le urgía irse, quería ver a su mamá. No les permitieron dejar la bicicleta en la que andaba don Segundo ni hacer una llamada telefónica. Salieron caminando y a pocas cuadras notaron un auto (Chevrolet borravino) que los seguía y luego, a unos metros de calle San Juan se les cruzó un auto rojo que los encandiló y del que bajaron unos hombres encapuchados gritando “somos montoneros”. Uno de ellos tomó a Pedro de los pelos, mientras otro amagó con golpear a Don Segundo obligándolo a tirarse al piso desde donde vio a Plá sentado en la parte delantera del auto que tenía la puerta abierta. Fue la última vez que vio a su hijo.
(“Si yo le malicio el plan no me agarran” dijo don Segundo, un hombre formado en el valor de la palabra, incapaz de prever el cinismo de las nuevas autoridades)
Ledesma volvió a la Comisaría 2ª y el Comisario Sosa le indicó que hiciera la denuncia, pero ahí no, sino en la Jefatura de Policía. Lo hizo al día siguiente; también vio al Teniente Coronel Moreno, a quien le comentó sus sospechas sobre la policía, lo que luego le valió la recriminación de Plá y las amenazas de Becerra “te voy a hacer un buraco así”.

Segundo Ledesma también habló de la desaparición del acta de libertad de su hijo, de la constancia solicitada por el Comando que expidió el Dr. Pereyra González desde el Juzgado Federal y mencionó que alguien, a quien no iba a identificar le había informado que a Pedro lo habían tenido en el Departamento de Investigaciones (hoy la Caja Social).

Francisco “Pancho” Ledesma, el hermano menor de Pedro, que entonces tenía 16 años, también dio su testimonio que básicamente se centró en el penoso estigma que sobrecayó sobre los miembros de la familia durante años a partir de la desaparición de su hermano.

Reina Alcaráz
Una de las hermanas de Santana Alcaráz también testimonió la mañana del jueves. Explicó que tanto ella como su hermana María del Carmen – que se encontraba en la sala- carecían prácticamente de información. Sólo sabían que lo habían llevado de una clase de la facultad, dos hombres de civil. Sus padres, hoy muertos, eran quienes habían hecho las gestiones posibles para dar con su paradero, como la presentación de un habeas corpus.
Aportó una foto y una carta que Santana había escrito a sus padres para comparar la caligrafía con el escrito conocido como informe La Toma, que dicen él escribió y le fue hallado a Raúl Cobos cuando fue abatido. “Traje todo lo poquito que tengo” dijo Reina.
El Tribunal le mostró la foto del cuerpo hallado junto al de Graciela Fiochetti, que se supone es de Santana, pero dijo que así no lo podía reconocer.
Aunque su declaración fue breve, la contundencia de sus palabras finales no dejaron lugar ni siquiera a la habitual intervención del juez Burad: “Espero de este Tribunal que puedan devolver el cuerpo de mi hermano para poder darle sepultura como todo ser humano se merece, por mis padres y por él que era una excelente persona. Esto es un pedido, espero una respuesta”.

Al terminar la audiencia, Segundo Ledesma estampó sus manos que sumarán para llegar a las 30 mil.


La idea de pintar la cantidad de manos que conmemoran a los compañeros desaparecidos surgió de los jóvenes que integran los grupos Colectivo Político El Taller, Muralista Luis Olea, Mujeres en Búsqueda, Revistas Callejeras y Estudiantes Secundarios y se está haciendo en distintos lugares: esquinas, plazas, escuelas...
Ellos dicen "Que por cada muerto en dictadura nos alcemos miles en rebeldía, que no quede ningún represor sin castigo, que los crímenes que aquí ocurrieron no pasen nunca más"

jueves, noviembre 06, 2008

9ª jornada: Testimonio de “Cuqui” Álvarez de Quiroga, hermana buscadora de verdad


Como tantas veces en estos 32 años de búsqueda, María Magdalena Álvarez relató una vez más lo ocurrido a su hermana Graciela Fiochetti, pero esta vez frente a quienes juzgarán – por fin- la responsabilidad de tanto vejamen, atropello y ocultamiento.
“Mamá enferma, viaje urgente” decía el telegrama que Cuqui recibió en Villa Mercedes la tarde del 21 de septiembre de 1976. Se comunicó por teléfono con una vecina de su madre que, incómoda le aclaró en voz baja “el problema es con tu hermana y por favor no me llames más”. (Así era, inmediatamente se levantaba sobre las víctimas, el cerco aislante del miedo)

A la mañana siguiente, en La Toma encontró la casa materna toda desordenada ”y con la noticia incomprensible de que Graciela había sido detenida” sin explicaciones, en un operativo sorpresivo y descomunal, esa madrugada. Doña Laura contó que sintió ruidos en el techo, disparos, y cuando se levantó ya estaban en el comedor policías, militares…”a Graciela apenas la dejaron vestirse y se la llevaron. Pobre hija sin remedios y sin dinero”, lamentó su madre. Aunque le había llevado sus remedios para la epilepsia con un té a la Comisaría, no se los recibieron.

Tirada en el piso de un camión fue trasladada a San Luis junto a otros detenidos. Allá fue “Cuqui”, acompañada por su tío Alfredo primero, y luego con su madre, donde iniciaron el periplo por dependencias (Jefatura Central de Policía, Policía Federal, Departamento de Investigaciones, Obispado) en las que nada sabían o no los podían recibir, excepto el Teniente Coronel Moreno, del GADA, que sorprendido preguntó “¿Cómo que no está (en la Jefatura) si yo di la orden de detenerla para identificarla?”; se comunicó con el capitán Plá y le ordenó recibir a la madre y a la hermana de Graciela Fiochetti. Al salir, se encontraron a “Gringo” Fernández en muy mal estado, que, preguntado por Graciela le dijo a su madre mientras la palmeaba: “Ya está viejita, ya está…”.

En la Central de Policía, doña Laura Álvarez reconoció a Plá como uno de los que se llevó a Graciela, “ese estuvo allá” aseguró. También identificó a Becerra.
El capitán, les comunicó que Graciela había sido liberada el mismo día de su detención y les mostró un acta de liberación firmada por ella, ante lo que la madre confundida, comentó: “pero si recién me dijo “Gringo” Fernández que estaba acá”. Lo que le valió al recién liberado, una nueva detención.
El militar les aconsejó realizar la denuncia por la desaparición y lo hicieron.
El 24 de septiembre “Cuqui” se enteró del hallazgo de dos cadáveres en Las Salinas del Bebedero, y previo paso por la Jefatura, donde Plá dijo que “por la ropa el cuerpo femenino pertenecería a Graciela”, reconoció el cuerpo en la morgue del Policlínico Regional, por la ropa y la cicatriz en la rodilla derecha; el torso y el rostro habían sido quemados y las falanges cortadas. Aunque además la hermana aportó placas radiográficas y fichas odontológicas, Plá decidió y les informó que ese no era el cadáver de Graciela, dio por concluido el tema, e hizo inhumar el cuerpo como NN en el Cementerio del Rosario.

Así, la madre y la hermana de la joven delgadita, que abrazó los ideales peronistas de su madre, que quería ser doctora para curar a los negritos del África y asistía a los enfermos, debieron esperar la llegada de la democracia para denunciar los hechos ante una Comisión Legislativa y la CONADEP.
En 1985 se exhumó el cadáver determinando su identidad y la forma de la muerte (un tiro en la nuca con una pistola 9 mm efectuado desde unos 10 cm con salida por el parietal izquierdo).
El 18 de septiembre de 1986 “nos fue entregado el cuerpo de mi hermana por la Cámara Federal de Mendoza", y fue inhumado en su pueblo natal. “Después, el Punto Final y el archivo de las causas”, lamentó Cuqui, que en este largo y tortuoso camino sólo ha perseguido la verdad. Dijo al Tribunal: “Creo que en memoria de mi madre merezco conocer la verdad” y habló también de la necesidad de encontrar al responsable para elaborar este duelo de 32 años.





-Artículo y tapa del diario Puntal del 19 y 20 de septiembre de 1986-
En la foto de la derecha, el dolor de Laura Álvarez 10 años después del asesinato de su hija.

La crónica da cuenta de la presencia de partidos políticos, APDH y Madres de Plaza de Mayo en la entrega del féretro en Mendoza y de las expresiones del Comisario Miguel Mena quien lo condujo hasta San Luis: "Todo el pueblo de La Toma está de duelo y aguarda que se haga justicia".

Prueba

El Tribunal exhibió la cerradura de esta puerta de la casa de la calle Moreno de La Toma, que fue violentada la madrugada de la primavera de 1976 para llevarse a Graciela Fiochetti.
El metal acusa el impacto de un disparo que los relatos dicen lo ejecutó Plá.

martes, noviembre 04, 2008

Apoyo incondicional a "Cuqui" Álvarez del HCD de Junín

María Magdalena Alvarez,"Cuqui", hermana de Graciela Fiochetti, querellante en este juicio, ha recibido "el apoyo incondicional de los representantes legítimos del Pueblo de Junín (Mendoza), integrantes de este Honorable Concejo Deliberante", mediante Resolución nº 414/2008, destacando la labor humanística en la búsqueda incansable de Verdad y Justicia y por ser "artífice de la búsqueda incansable de su hermana desaparecida".
Extracto del texto:
"Que este caso, primero de este tipo en Cuyo, llega a juicio oral y público después del pedido de reapertura que hizo la hermana de la vícitima, María Magdalena Álvarez, ante el Juez Federal de Mendoza Walter Bento y por una cuestión de competencia y de jurisdicción se requirió que la causa fuese tratada por la Justicia de San Luis"

Testimonio de Carlos “Gringo” Fernández en el 8º día del Juicio Histórico

En la mañana del octavo día de juicio oral y público, brindó su testimonio Carlos “Gringo” Fernández, el único sobreviviente de las cuatro víctimas de delitos de lesa humanidad cometidos en 1976 que se investigan hoy en San Luis.

Ubicado en el centro de la sala, frente a los jueces del Tribunal, el “Gringo” prestó juramento para luego contestar por más de cuatro horas con serena entereza las preguntas provenientes de todas las partes intervinientes en el debate.
Le preguntaron ¿a qué se dedica en la actualidad? “Junto chatarra”, contestó, e inmediatamente debió responder que en el momento de los hechos era inspector del Ministerio de Trabajo de la Nación.
(Este contraste descendente en las vidas ajadas por la dictadura es una constante, las marcas del daño se multiplican en el tiempo y en el entorno de los que sobrevivieron. Quién sabe si algún día se podrá abordar hasta dónde llega la profundidad del horror impuesto).

La primera detención. "Entraron a los gritos, a los golpes, en mi casa destruyeron todo, lo poco que tenía”

La madrugada del 21 de septiembre de 1976 se despertó con los gritos de militares y policías en su propia habitación, donde dormía con su esposa, embarazada de 5 meses. Sus otros dos hijos también fueron levantados y escucharon cuando el Comisario Becerra mandaba: “Si la mujer se resiste, mátenla”, refiriéndose a su mamá.
De aquel operativo ”Gringo” reconoció al Comisario Becerra, a Dana y a Plá.
“Me llevaron caminando golpeándome, a culatazos en la espalada y las piernas hasta la Comisaría de La Toma. En una oficina me ataron a una silla y mientras dos policías (Funes y Gil Puebla) me tenían de atrás, Becerra me pateaba la cabeza diciéndome: que era un hijo de puta, que me iban a matar y que iban a cortar las bolas”. También Becerra le arrancó los bigotes con una pinza. En ese lugar la vio a Graciela Fiochetti “la vi muy mal, tirada en el piso, sin vendas”.
Le vendaron los ojos y acostado en el piso, boca abajo lo trasladaron a San Luis en un camión en el que reconoció a su lado a Graciela Fiochetti. Fueron llevados a la Jefatura de Policía en calle Belgrano. Estando en una oficina donde le iban a cambiar la venda de los ojos, escuchó a sus captores: _“Sacalo de ahí” _“¿A éste?” _“No, a Ledesma”.

La primera libertad. Le hacen firmar un acta de libertad (“no sé qué firmé”)y es introducido en el baúl de un auto (“un Torino”), después de un recorrido es pasado al baúl de otro vehículo y llevado a un lugar que cree puede ser en cercanías al Hipódromo, donde es torturado (submarino) golpeado e insultado. “Me tiran a un lugar, se escuchaba mucho grito, mucho llanto. Llega un camión y alguien dice: los que van a la Florida y estos van para Las Salinas”. Estando muy dolorido y sobre otros cuerpos que cree estaban sin vida, escucha que alguien dice “Este tipo está vivo, yo lo vuelvo a la ciudad, que Becerra lo mate” y lo dejan en libertad. Una vez libre, intentando regresar a su casa, se encuentra con la madre y la hermana de Graciela Fiochetti que le preguntan por ella y les responde “debe estar en la Central, no sé”.

Segunda detención.
Con mucha dificultad llegó a su casa materna en La Toma; recibió un reparador café con leche de su madre y se fue con su familia a su casa "estaban todos mal".
Acababa de ver los destrozos dejados por el operativo sufrido, y estando en el patio, ve llegar a la Policía: “Está detenido por orden del Ejército”.
“En la Central, en San Luis me recibió Becerra a golpes, “la próxima te arranco la lengua”, me dijo”, y siguió una sesión de torturas en la que fue colgado de un brazo, luego de la pierna. Secuela de eso es el desgarro del brazo derecho que todavía padece. “Me aplicaron algo eléctrico, picana creo”

Preguntado si reconocería a sus torturadores, mencionó a Becerra y a Plá “tenía una voz fuerte, de mucho mando. En la central, él daba las órdenes: “Háganlo mierda”, decía. Esa voz no se me olvidó jamás”.
_“¿Está en la sala el que usted conoce como Plá?- preguntó el juez.
_ Sí (y con seguridad señaló con su brazo desgarrado hacia el imputado del extremo).
Ofuscado y escudado detrás de su defensor el acusado le gritó: ¡Mentiroso! y desde el público muchas voces le replicaron:¡Asesino!
Llamado al orden, Plá debió disculparse.

Otros nombres que recordó mencionados por sus represores fueron: Fernández Gez “era el comandante, el que daba las órdenes”; Loaldi y el Mayor Franco; Velázquez y Orozco.

En tres oportunidades le hicieron firmar actas de libertad, con fecha 21, 23 y 25 de septiembre. En ningún caso conoció el contenido, como tampoco lo hizo su esposa cuando, junto al vecino Piñeiro fueron obligados a firmar el acta de allanamiento de su casa, tras la violenta detención de “Gringo”.
Esos documentos le fueron exhibidos en la audiencia, y después de 32 años conoció de qué se trataban. Las actas de libertad eran iguales, contenían 6 incumplidos puntos: que “el firmante declara que no ha sido sometido a presión alguna” (¿?); que queda notificado de que no debe abandonar la provincia; que no debe hacer declaraciones públicas; que no ha recibido malos tratos ni se la ha hecho carecer de alimento y atención médica; que “toma conocimiento de que su conducta es controlada por las Fuerzas Armadas y de Seguridad y ante las más leve sospecha de vinculación con la delincuencia subversiva será detenido y confinado”…
También miente el acta de allanamiento: … establece la constancia de que no se produjo daño alguno. No se secuestraron elementos…”

Por su parte la Fiscal preguntó: -¿Vio a alguna autoridad judicial?, ¿Su familia hizo algún reclamo?
_ No, era imposible, nadie podía reclamar nada, ¿quién iba a animarse a reclamar?, si el que reclamaba desaparecía.